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DIFICULTADES EN LA PAREJA
IGLESIA BAUTISTA HISPANA WEST HILLSBOROUGH
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DIFICULTADES EN LA PAREJA
VINCULOS FAMILIARES
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CÓMO RESOLVER LAS PELEAS CONYUGALES

Los mitos almibarados que a menudo describen el matrimonio como la fuente de "eterna felicidad", dan por sentado que las trifulcas y los desacuerdos no forman parte del matrimonio sano.

Sin embargo, a través de los años que he pasado aconsejando a un sinnúmero de parejas, he aprendido paulatinamente un hecho difícil de aceptar.

El almíbar pronto se derrite bajo la presión del calor de la realidad y los conflictos resultantes sólo determinan la velocidad con la que la relación se mueve hacia la grandeza o hacia la destrucción.

Las discusiones y desacuerdos en el matrimonio son una parte importante de cada relación y existirán mientras ésta perdure. Pero,¿cómo puede marido y mujer enfrentarse a sus desacuerdos, a las tensiones que surgen cuando las necesidades e impulsos de uno de los cónyuges no concuerdan con los del otro? ¿No deberían ser ellos iguales en todo?

Por ser el matrimonio la unión sagrada de dos seres poseedores de una serie de rasgos y particularidades individuales, el buen matrimonio implica la manifestación de autenticidad. Esa autenticidad envuelve la libre y total expresión del verdadero yo, con todas sus rarezas.

De esta manera, cuando ambos cónyuges son totalmente auténticos, el ser iguales en todo es imposible. Es por esta razón que los conflictos son inevitables.

Lo más maravilloso que usted puede hacer en favor de su matrimonio es compartir con su cónyuge esa parte de su ser que lo hace diferente.

Pero, recuerde que ¡en el momento que usted comience a compartir sus diferencias, comenzarán los conflictos! Sin embargo, colocados en su debida perspectiva, serán la clase de conflictos saludables que le darán oportunidad de llevar su matrimonio a la grandeza y el éxito.

Cualquier matrimonio puede hacer frente a los conflictos con mayor facilidad si utiliza los siguientes principios:

Evite usar el "tratamiento del silencio". Algunos matrimonios emplean el tratamiento del silencio como medio para evitar o terminar la controversia.

Utilizan el silencio como arma para controlar, frustrar o manipular a su cónyuge. Pero el silencio a la larga no da resultado.

Cuando el matrimonio no se comunica porque uno delos cónyuges es taciturno, ambos experimentan frustración y una creciente sensación de futilidad.

Cuanto más trata de hablar el cónyuge comunicativo, más se encierra el otro, el taciturno, en la concha de su hostilidad. El primero entonces se siente decepcionado y herido en su amor propio.

Y puede que llegue a los gritos o la violencia en su intento de sacar al cónyuge silencioso de su refugio. Pero esto también es inútil, por cuanto únicamente sirve para que el otro se torne más taciturno aun.

No guarde "cupones emocionales". Algunas personas hacen con sus emociones lo mismo que con los sellos o cupones que les dan en los comercios: las coleccionan.

Los cónyuges pueden acumular fácilmente mucha hostilidad cuando intentan contender con su cónyuge silencioso y taciturno.
Este es, sin duda, el peor método para tratar las irritaciones o frustraciones. Los sentimientos y emociones deben ser expresados abiertamente en el matrimonio y nunca deberían acumularse.
Mucho mejor es dar rienda suelta a las emociones a medida que éstas surgen.

Dios nos creó con capacidad de sentir profundamente, pero esos sentimientos pueden y deben manifestarse de una manera saludable.

Prepare el ambiente para la desavenencia. Si prevé una fuerte discusión, procure que ésta ocurra en el lugar y momento oportunos. Quizá tenga que desconectar el teléfono, o no contestar si llaman a la puerta.

Evite ser interrumpido. Si tiene hijos, pídales que no interrumpan y si lo hacen, dígales que se trata de una conversación importante y que hablará con ellos cuando haya terminado.

¡Ataque el problema, no al cónyuge! Le recomendamos que use estas sencillas reglas, cada vez que se sienta tentado a atacar a su cónyuge:

Mantenga la discusión en el terreno impersonal.
Evite atacar al cónyuge con reconvenciones duras o sarcásticas.
Cualquier acusación que haga, respáldela con hechos.

Viva el presente.
No permita quejas de cinco o seis meses atrás.
Durante la discusión, evite referirse a los familiares de ninguno de los dos.
Evite hacer referencia a la apariencia de su cónyuge o a los defectos reales o imaginarios que posee.
Evite el dramatismo. No use el llanto para manipular al otro, ni tampoco las amenazas (algunos cónyuges amenazan con la separación e, incluso, el suicidio).

En la discusión utilice el "me molesta..." en lugar del "tu eres..." Hablar cuando el "me molesta..." implica ser honestos en la relación a los sentimientos, tanto negativos como positivos, que albergamos, y ser capaces de expresarlos de manera no ofensiva.

Siempre se corren riesgos en esta clase de comunicación, por lo menos hasta que los cónyuges aprenden a confiar lo suficiente el uno en el otro como para decirse sin tapujos lo que en realidad sienten.

No se aparte del asunto. Trate de expresar con exactitud lo que discute y no se salga por la tangente. No saque a relucir cosas sin importancia o que no vienen al caso. Quizá, más a menudo, necesitamos aprender a decir:" Dejemos esta conversación y veamos de qué estábamos hablando.
Por favor, empieza otra vez y te escucharé. Quizá hay algo que no he comprendido bien". Muestre disposición a escuchar y formular preguntas.

Cuando está equivocado, admítalo y cuando tenga razón, cállese. Tenga la humildad de reconocer que puede estar equivocado. A mucha gente le resulta difícil, si no imposible, el decir:" Estoy equivocado, tú tienes razón". Cuando usted reconoce honestamente que está en un error y que el otro tiene razón, da un paso gigante hacia la solución de los conflictos y fortalece sus relaciones matrimoniales.

Una palabra de advertencia: No viva echándose la culpa por todo, especialmente cuando se usa este truquito para manipular al otro. Lo ideal es que el cónyuge "inocente" también se disculpe diciendo algo como: "Bueno, creo que yo también tengo parte de culpa".

Cuando su cónyuge confiese sus faltas o admita sus errores, exprese claramente sus palabras de perdón. Aun cuando usted tenga la razón, tome la iniciativa para perdonar y olvidar.

Las Sagradas Escrituras enseñan:" El amor perdona errores" (Proverbios 17:9), y San Pablo nos recuerda que debemos "ser amables y prontos al olvido" y que "no debemos alimentar nunca los rencores" (Colosenses3:13).

San Pedro nos dice:" Ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados" (1 S. Pedro 4:8).

En cierta ocasión, Ogden Nash dio este consejo a los esposos, el mismo que, por cierto, se aplica también a las esposas:

"Para mantener un matrimonio rebosante en el cáliz del amor, cuando esté equivocado, admítalo; cuando tenga razón, cállese".

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LA FAMILIA EN CRISIS
No hay institución social más hermosa e importante que la familia.
No sólo se origina la vida biológica del individuo, sino que también es el lugar dónde se plasma la vida moral, mental, social y emocional de los nuevos seres que llegan a la existencia.

Es el refugio afectivo donde nos sentimos aceptados y amados, donde gozamos de un confiado compañerismo, donde renovamos fuerzas para continuar la lucha de la vida.

Sin embargo, la familia está en crisis, en grave crisis. En estos últimos años han aparecido una cantidad de libros y estudios que reflejan éste hecho, como ser: Muerte de la familia, el matrimonio es un infierno, la familia nuclear en crisis: búsqueda de una alternativa, futuro incierto del hogar, el incremento de los divorcios y de las madres solteras y otros semejantes, y los críticos describen a la familia con términos como "panorama sombrío", "desintegración" e " inestabilidad".

CAMBIOS DRAMÁTICOS

¿Qué factores nos han conducido a ésta difícil situación?
¿Qué cambios sociales ocurridos en estas últimas décadas han afectado a adversamente a la familia? Mencionémoslos rápidamente.

1.- Casamiento y divorcio.
La familia tradicional está basada en un matrimonio estable, pero en la actualidad -especialmente en ciertos países de Europa y en los Estados Unidos- hay menos personas dispuestas a casarse y a permanecer casadas que en años pasados.

Casi el 50% de todos los matrimonios de norteamericanos terminan en divorcio, y la mayoría de los divorcios ocurren en los primeros dos años de matrimonio.

2.- Madres que trabajan.
A finales del siglo pasado, menos de una de cada 5 mujeres norteamericanas trabajaban fuera del hogar (y la mayoría de las que lo hacían eran solteras).

Actualmente más del 50% de todas las mujeres con hijos menores de 18 años trabajan fuera del hogar, y hay poderosas razones económicas y sociales que lo explican. Hay numerosos expertos que consideran que esta fenómeno afecta seriamente la personalidad de los hijos -dejados por largas horas en las guarderías infantiles- e incluso incide en el incremento de divorcios.

3.- Presiones económicas.
En la actualidad un buen numero de familias se ven abrumadas por el doble azote de la inflación y del desempleo, lo que afecta todos los aspectos de la vida familiar. Y todas las familias, no importa su posición económica, viven en una sociedad de consumo y en una atmósfera competitiva; esto hace que muchos se impongan cargas financieras innecesarias, que restan tiempo para atender el hogar y cultivar los valores espirituales. Señalamos finalmente que en estas últimas décadas se ha producido un relajamiento moral alarmante.

Los materiales pornográficos, los programas televisivos saturados de violencia y de escenas indecentes, el tráfico de drogas y el mayor consumo bebidas alcohólicas, y la merma de la fe religiosa acompañada de una búsqueda egoísta del placer son elementos que han golpeado y siguen golpeando con fuerza los cimientos mismos del hogar.

COMO TENER FAMILIAS ESTABLES

¿Cómo tener hogares sólidos y felices, en estos tiempos difíciles en que vivimos?. Aquí algunos requisitos fundamentales:

1.- Fe en Dios. Vez tras vez se ha comprobado que las familias más estables son aquellas que cultivan la fe en Dios. Esta fe es especialmente valiosa cuando llegan la adversidad y el dolor: pérdida del trabajo, enfermedad, un hijo que se descarría, el fallecimiento de algún miembro de la familia... La fe sostiene, fortalece e infunde esperanza.

Los padres, y especialmente el esposo, son los responsables de promover en el hogar la confianza en Dios. La mejor manera es mediante la lectura diaria de un fragmento de las Escrituras y la práctica de la oración; esto será de gran valor para los hijos a lo largo de toda la vida.

2.- Lealtad y dedicación al hogar. Los profesores Nick Stinnett y John DeFrain efectuaron en 1985 una investigación muy valiosa sobre cuáles son los puntos fuertes de las familias estables.

En este estudio participaron más de 3000 familias, y se encontró que una de las características sobresalientes de una familia de éxito es la dedicación al hogar por parte de cada uno de sus miembros, y un vigoroso sentido de lealtad mutua. Esto significa la inversión de tiempo, energía, inteligencia y corazón para satisfacer las necesidades de la familia.

3.- Pasar tiempo juntos. Otro investigador hizo un estudio semejante, formulando a una cantidad de familias felices la siguiente pregunta: "A juicio de ustedes, ¿Cuál es la razón por la cual están tan unidos y felices?" Sin excepción, cada miembro de las familias entrevistadas dio la misma respuesta: "Hacemos muchas cosas juntos".

Ya sea trabajando, jugando, asistiendo a servicios religiosos, comiendo, paseando o haciendo cualquier cosa, lo importante es pasar tiempo juntos, tratando de ayudarse y estimularse mutuamente.

4.- Comunicación efectiva. Los psicólogos saben que la buena comunicación ayuda a crear un sentido de pertenencia, suaviza las frustraciones y resuelve muchos problemas pequeños antes que se vuelvan grandes.
La comunicación autentica no es un accidente.

Es el fruto de una planificación cuidadosa, del amor mutuo y de una perseverancia inteligente. Para que sea efectiva, la comunicación ha de ser clara, positiva y noble. Demanda tiempo y práctica, pero rinde muchos beneficios.

5.- Expresión de afecto. Como hemos mencionado reiteradamente desde estas columnas, el elemento básico para tener hogares dichosos es el amor entre los diferentes miembros de la familia.

El amor procede de Dios, de ahí que al tener a Dios en el corazón de cada miembro del hogar, habrá amor en abundancia.

El amor no es un sinónimo de pasión sensual o de arranques impetuosos de los sentimientos.
Consiste en practicar diariamente en la casa la regla de oro de la convivencia humana: "Hagan siempre con los demás como quieran que ellos hagan con ustedes". Cada uno buscará la felicidad de los otros miembros de la familia, y de ese modo encontrará la propia.

Este amor noble incluye la capacidad de tolerar los defectos y perdonar las faltas que el cónyuge o los hijos puedan cometer. "Sed benignos unos con otros -aconsejó el apóstol-, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo".

Apreciado lector, si su hogar está en crisis recuerde que con la ayuda de Dios pueden resolverse los problemas y curarse las heridas, y seguir adelante.

Vale la pena practicar los principios mencionados, verdaderos puntales de los hogares sólidos y dichosos.

Vale la pena dedicar a nuestro hogar nuestras mejores energías y nuestros afectos más generosos. Está en juego nuestra propia felicidad y la felicidad de nuestros seres amados.

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INFIDELIDAD
Dora hace un esfuerzo para contener sus lágrimas. Con su cara, transfigurada por el dolor, se sienta en la silla y retuerce nerviosamente su pañuelo.

"Tal vez no debería haber venido", comienza. "En realidad, no hay nada que usted pueda hacer. Pero sencillamente necesitaba hablar con alguien. Nunca pensé que fuera a admitirlo, pero creo que esta vez me encontré con un problema que es demasiado grande para enfrentarlo por mí misma".

El problema del que Dora ha venido a hablarme es la infidelidad. Durante varios meses su respetable esposo, de edad mediana, fiel asistente a la iglesia, ha tenido una relación amorosa con una de las mujeres que trabajan en su oficina. "Nunca pensé que esto podría pasarnos a nosotros -afirma Dora-, pero sucedió. Juan me lo dijo anoche".

"El dice que todavía me quiere y que desea estar conmigo y con los niños. Me asegura que ya no hay nada entre él y esa mujer, y que nunca más volverá a serme infiel. Dice que quiere que yo lo perdone para que podamos reconstruir nuestro matrimonio, para que todo vuelva a ser como antes. Pero yo no creo que esto sea posible: ¿Cómo podré recuperar la confianza que le tuve?"

La pregunta es válida. La infidelidad es la ruptura de la confianza, una transgresión grave contra los votos matrimoniales.

Cuando le pedí a Dora que expresara lo que sentía hacia su esposo en ese momento, me respondió: "Me gustaría poder odiarlo, pero la verdad es que es un buen hombre. Un buen padre. Y era un buen marido. A pesar de todo, todavía lo amo".

Probablemente Dora piensa que soy la primera persona a quien alguien le comenta un "drama" de esta naturaleza. Pero no es así. La semana pasada, Jimena, una excelente profesional, estaba sentada en la misma silla, comentándome su relación con Carlos, un colega.

La situación de Jimena es distinta a la de Dora: 'Yo amo a mi esposo y amo a mi familia. No quiero perderlos, pero para ser francamente honesta, no estoy segura de querer dejar a Carlos. A usted puede parecerle imposible, pero estoy enamorada de ambos".

Según Jimena, la relación había comenzado muy inocentemente: "Carlos y yo éramos solamente buenos amigos. Después del trabajo íbamos a tomar café con otros colegas. Con el tiempo nos dimos cuenta de que preferíamos estar los dos solos. Teníamos mucho en común, incluyendo una inmensa necesidad de comunicarnos en un nivel profundo con alguien que estuviera interesado en lo que tenía que decir el otro. Mi esposo estaba demasiado ocupado con sus propias preocupaciones para prestarme atención; y la esposa de Carlos, con 3 niños menores de 6 años, siempre 'estaba agotada'.

"Aquellos cafecitos después del trabajo eran tan placenteros que Carlos y yo empezamos a extenderlos a algunos almuerzos. Con el correr del tiempo compartimos más y más detalles íntimos de nuestras vidas. Una cosa llevó a la otra, y un día nos encontramos con que los dos estábamos en mi cama.

'Yo sé que a lo mejor usted piensa que cometimos un pecado horrible. Pero, al fin de cuentas, ¿no fue Dios quien puso en nuestros corazones el amor que sentíamos? Sé que él lo entiende. No se imagina qué relación tan profunda tenemos Carlos y yo. Nunca pensamos llegar tan lejos, pero ahora que lo hicimos no creo que podamos volvernos atrás".

Enfrentando el dolor y el rechazo

Cuando ocurre la infidelidad, la relación matrimonial inevitablemente se deteriora. Los problemas que ya existían se mezclan y se agigantan. Cualquier confianza que hubiera intentado sobrevivir las dificultades previas está ahora destruida por el rechazo que tiene lugar. Y uno puede imaginarse el golpe severo que recibe la autoestima de una persona cuando descubre que quien ha prometido amarle y serle fiel "hasta que la muerte los separe", ha encontrado un nuevo compañero sexual. La intensidad de este rechazo no puede compararse con ningún otro tipo de dolor emocional que una persona pueda sentir por su cónyuge.

Alguien puede pensar que de algún modo su infidelidad es algo que Dios podrá pasar por alto. Pero no es así. El adulterio es siempre un pecado y siempre está en contra de la voluntad de Dios. Y más aún, el adulterio siempre conduce a la pena y al sufrimiento.

Una mujer cuyo esposo había cometido adulterio relataba así su dolor: "Después de que mi esposo me contó su affaire, me dijo: 'Me alegro de haberte contado esto. Me siento mucho mejor. Es como si me hubiera sacado de encima un peso de 100 toneladas'. Bueno, yo me alegro de que él se sienta mejor, pero yo me sentí mucho peor. Es como si me hubiera arrasado una ola de dolor y de sufrimiento y estuviera a punto de ahogarme en ella. Por momentos, el enojo me superaba de tal forma que lo único que podía pensar era en la mejor forma de destruirlo. Después, la ira era reemplazada por la vergüenza y la humillación. Luego me consumía la culpa. ¿Qué había hecho yo que estuviera tan mal como para que mi esposo necesitara buscar otra mujer? Pero después me sobrecogía nuevamente la rabia, y exclamaba: ¿Cómo pudo este desgraciado hacerme esto?"

Elecciones difíciles

Jimena parece estar pidiendo demasiado de su esposo; y Dora, muy poco del suyo. ¿Cuál es la respuesta apropiada de un creyente ante la noticia de que su cónyuge le es infiel? La persona herida, ¿debe abstenerse de juzgar? ¿Debe "poner la otra mejilla"? ¿Es mejor simular que no sabe nada y concentrarse pacientemente en formar un hogar tan feliz que atraiga irresistiblemente al cónyuge? ¿Es mejor confrontar a la persona con el pecado que está cometiendo? ¿O es mejor echar al cónyuge, iniciar una demanda de divorcio y terminar con todo?

La opción entre adoptar una,posición aparentemente amorosa o no condenatoria, y la de exigir que se rindan cuentas de lo hecho es realmente difícil. Lo que Dora estaba considerando parece ser una actitud cristiana recomendable. Y en algunos casos es lo correcto. Su esposo parece estar genuinamente arrepentido por lo que ha hecho y está determinado a renovar su compromiso con ella y con su matrimonio. Pero por otro lado, su aceptación incondicional de la situación puede ser para él un signo de que en realidad el asunto no le preocupa tanto a ella. Puede ser que él nunca llegue a darse cuenta de la pena y de la angustia que ella ha sufrido por causa de sus acciones.

¿Y qué acerca del esposo de Jimena? Como "un buen cristiano", ¿debería aceptar los términos de su esposa? En muchos casos, especialmente cuando el cónyuge infiel no tiene intenciones de mantener la fidelidad en el matrimonio, es necesario que el cónyuge establezca condiciones específicas para continuar con el matrimonio. Por ejemplo: abandono del affaire amoroso y deseo de reconstituir la relación conyugal. Debe quedar muy claro para los cónyuges que han errado el camino, que deben elegir entre sus familias y su amante. No pueden ir en ambas direcciones.

Esto no quiere decir que no haya posibilidad para el perdón, pero para que éste pueda ser concedido es necesario el arrepentimiento del ofensor.

Mitos

Al confrontarse con la infidelidad matrimonial es muy difícil pensar objetivamente. Las reacciones pueden ser influidas por varios mitos que rodean a la infidelidad. Es decisivo que seamos capaces de separar los errores conceptuales de los hechos reales. A continuación transcribimos algunos de los mitos más aceptados por la sociedad respecto de la infidelidad.

Mito 1. Una persona es infiel siempre y absolutamente por cau-sa de una falla de su cónyuge.

Realidad. Muchos esposos infieles se quejan de las fallas de sus cónyuges. Sin embargo, de acuerdo con la experiencia de muchos consejeros matrimoniales, las fallas mencionadas son por lo general exageradas. Lo que ocurre es que el cónyuge infiel proyecta su culpa sobre el otro e intenta minimizar su responsabilidad para no sentirse tan mal, o incluso para justificar sus acciones.

Mito 2. Lo mejor para una persona es no saber acerca de la infidelidad de su cónyuge.

Realidad. Siempre es mejor que el cónyuge que sospecha algo pueda hablar acerca de ello con su pareja; sin acusar, por supuesto. Si se prueba que no hay fundamento para la sospecha, la discusión honesta puede ayudar a descubrir los verdaderos problemas que están provocando la preocupación. Si la sospecha es cierta, hablar siempre resulta positivo. Siempre es más fácil y productivo tratar con los hechos que con la fantasía. Con la verdad expuesta, la pareja puede dar los pasos necesarios para encarar sus problemas.

Mito 3. Las personas infieles no aman a sus cónyuges.

Realidad. En una lectura superficial, esto puede parecer verdad. Sin embargo, alguien puede amar a una persona y aun así serle infiel. Muchos adúlteros son personas realmente comprometidas en su matrimonio. Por eso, la insistencia de que el cónyuge infiel recupere su compromiso generalmente da buen resultado en la búsqueda de la reconciliación.

Mito 4. Las relaciones extramatrimoniales son placenteras.

Realidad. Inicialmente eso es cierto. La excitación del secreto, el sentido romántico del "primer amor" contribuyen para crear el sentimiento sensacional que enceguece a los amantes acerca de las faltas. Pero pronto todo esto se desvanece y se ve la realidad. Después aparecen la culpa y la presión del engaño. Con pocas excepciones, la infidelidad se torna una carga emocional agobiante para el infiel.

Mito 5. Si un cónyuge es encontrado en adulterio, el matrimonio tiene que terminar.

Realidad. Al principio, el divorcio puede parecer la única forma de enfrentar una situación sin esperanza. Pero la realidad es que el divorcio puede iniciar una nueva serie de problemas aún más difíciles de resolver que el adulterio mismo.

Hay una opción: el perdón. A pesar de que muchas veces al comienzo parezca imposible, la mayoría de los esposos descubren que eventualmente están capacitados para encontrar la fuerza para perdonar la infidelidad. También hay muchos que detrás de un "no puedo", están escondiendo un "no quiero". Se aferran a su dolor por autocompasión o porque los hace sentir superiores a sus cónyuges, o porque esto les provee un arma efectiva para agredir.

A pesar de que el perdón y la reconciliación son las metas que deben guiar al consejero, no es realista pensar que esto se va a conseguir fácilmente.

La infidelidad nunca es buena para el matrimonio, pero tampoco debe ser un golpe mortal. Un affaire amoroso puede resultar en un tratamiento de shock que empuja a los esposos a hablar y a escuchar al otro por primera vez en años. Pocas veces existe un final romántico para las familias afectadas por la infidelidad. Muchos matrimonios son reconciliados por el poder de Dios y realmente parecen haber sido sanados, pero el pecado siempre deja cicatrices.

Restaurar la confianza en un matrimonio dañado por la infidelidad es tal vez la tarea más difícil. Una pareja cristiana sabia considerará la alternativa del perdón antes de destruir el matrimonio. La confesión y el perdón son los fundamentos de la reconciliación cristiana. En la presencia del Señor, la pareja debe examinar su matrimonio, ubicarlo en un contexto de total compromiso y comunicarse abiertamente.

Esta es una tarea penosa y que requiere humildad. Sin embargo, las parejas que se han reconciliado y que han enfrentado con éxito las dificultades de su matrimonio dan fe de que el esfuerzo ha valido la pena.


¿QUE PASA CON LA FAMILIA MODERNA?
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Lucy, ¿por qué regalaste la caja de dulces que tu padre trajo como algo especial para la familia?" Con voz llena de frustración y resentimiento, Lucy contestó: "¡Ustedes nunca están aquí! ¡Pareciera que yo no existo!"

Esta misma queja, en diferentes formas, brota de los labios de muchos hijos y revela que en cantidad de familias las relaciones entre sus miembros no andan bien. ¿Será que esta vida moderna tan agitada nos está haciendo descuidar a nuestros hijos y a nuestra familia?

Estudios recientes efectuados en los Estados Unidos han revelado que el tiempo promedio que el padre de hoy dedica a sus hijos es de ¡ 37 segundos diarios! A esto se suma el hecho de que la mayoría de las madres trabajan fuera del hogar. En muchos casos, los hijos pasan más tiempo en las guarderías infantiles y en las escuelas que en el hogar.

COMO ESTO AFECTA A LOS HIJOS

Muchos de nuestros hijos se amargan, hasta se rebelan, como en el caso de Lucy, cuando les robamos lo que ellos tanto necesitan, merecen y les pertenece: nuestra compañía, nuestra atención, nuestro amor y cariño.

El sentimiento de abandono que experimentan es la raíz de un sinnúmero de trastornos emocionales, que dan lugar a problemas de disciplina en el hogar, problemas de aprendizaje en la escuela, violencia y aun al suicidio.

LOS MATRIMONIOS TAMBIEN SUFREN

El tiempo es la materia prima de todo, incluso para el desarrollo de una relación matrimonial sana y fuerte. Uno de los males más grandes que se plantean al no dedicar suficiente tiempo a las relaciones matrimoniales, es la falta de comunicación entre los esposos.

Se ha comprobado que la falta de comunicación en el matrimonio es la principal causa de los divorcios, ya que lleva a malos entendidos, incomprensiones, pleitos, resentimientos, falta de intimidad social y emocional, y problemas semejantes.

¿HAY SOLUCION PARA LA CRISIS DEL HOGAR MODERNO?

Hoy en día se hace muy difícil dedicarle tiempo a la familia, ya que en la mayoría de los casos el padre y la madre trabajan afuera y, a veces, no en un solo trabajo sino en dos. Ambos llegan a la casa cansados, hambrientos y con frustraciones; y lamentablemente, sobre todo en el caso de la madre, tienen que seguir trabajando en los quehaceres del hogar. Esto significa que, a menos que se haga un afto forzado, no hay tiempo para dar atención y amor a los miembros de la familia. Sin embargo, si queremos que nuestros hijos crezcan sanos y fuertes, no sólo física sino también emocional y psicológicamente, y que nuestras relaciones matrimoniales sean más estrechas y llenas de amor, hemos de hacer un esfuerzo consciente y decidido para dedicarle más tiempo valioso a la familia, tanto cada día como en forma semanal y mensual.

PLANEANDO NUESTRO TIEMPO CON LA FAMILIA

En primer lugar debemos identificar qué es lo que nos está robando el tiempo que les pertenece a nuestros hijos o a nuestro cónyuge. ¿Será el exceso de trabajo fuera del hogar o dentro de él, o en ambos lugares? ¿Serán las amistades, la vida social, la televisión? ¿Qué será?

Necesitamos establecer prioridades en nuestra vida diaria. Antes de aceptar una nueva responsabilidad o un compromiso más, preguntémonos: ¿Por qué me he comprometido a hacer esto? ¿Por qué voy a usurpar el tiempo que les pertenece a mis hijos y a mi esposa/o?

Nuestra primera prioridad debe ser nuestra familia. Fuera de Dios, no hay nada en este mundo más importante, ni que supere su valor. Reúnase con sus hijos y su esposa/o, y comparta su preocupación sobre el hecho que se dedican poco tiempo los unos a los otros. Traten de encontrar soluciones al problema, teniendo en cuenta los diferentes puntos de vista.

IDEAS SUGERENTES

He aquí algunas ideas que pueden ser útiles a fin de que los miembros de la familia puedan pasar más tiempo juntos:

1. Marque en su calendario el tiempo que va a dedicar a su familia.

2. Planee cuidadosamente con su familia el pasar unos minutos juntos todos los días. Quizás para comenzar lo más efectivo sea desayunar juntos, o cenar juntos. Pídales que compartan sus planes o experiencias del día, según la hora en que se reúnan. Compartan chistes, anécdotas o historias. Durante este tiempo dejen a un lado los reproches o las correcciones, así como las distracciones, tales como la televisión.

3. Planee actividades hogareñas para hacerlas juntos, tales como la limpieza de la casa, cocinar, etc. El hecho de realizar estas tareas en forma conjunta las convierte en un placer y causa satisfacción a padres e hijos.

4. Haga planes concretos (fijando el día y la hora) para ayudar a sus hijos en las tareas de la escuela.

5. Acompañe a sus hijos de vez en cuando a sus actividades: ya sean clases de piano o guitarra o sus prácticas de deportes. Haga comentarios Positivos y elogie sus progresos y triunfos.

6. Cerciórense los esposos de que todos los días pasan unos minutos solos conversando, mirándose a los ojos, ya sea al levantarse, a la hora de comer, o antes de ir a descansar. Esto restablecerá las energías amorosas entre los esposos.

7. Durante el día llame por teléfono a su esposa/o desde donde esté, para darle un saludo o un comentario positivo, afectuoso.

8. Planeen salir a comer solos de vez en cuando, para compartir más íntimamente las alegrías y las preocupaciones.

9. Una vez por semana, reúnanse los padres con los hijos para compartir sus triunfos, planes, tareas y demás aspectos de la vida. No permita que estos encuentros y se conviertan en una hora de juicio para corregir o castigar al que ha hecho mal. Estos encuentros familiares ayudarán a todos a sentirse parte de la vida familiar y a elevar su estima propia, no sólo como miembros de la familia sino también como individuos de la sociedad.

Para comenzar sus reuniones familiares considere la posibilidad de discutir los siguientes puntos:

a) ¿Qué es lo que más le gusta de su familia?

b) En su vida como madre, padre, hijo o hija ¿qué es lo que le resulta más difícil?

c) ¿Qué podría hacer para mejorar la vida familiar?

d) ¿Cuáles han sido las ac-tividades familiares que más le han gustado y las que menos le han gustado? ¿Por qué?

A lo menos una vez cada dos semanas salgan juntos como familia a pasear, quizás a la playa o a la montaña, o a cualquier otro lugar de recreación.

10. Otro factor importante es dedicar tiempo juntos a la devoción espiritual. En la investigación que hizo Nick Stinett, encontró como un elemento común en las familias emocionalmente fuertes, el hecho de que estudian juntos la Biblia, oran y practican la creencia de que Dios es la fuente suprema de fortaleza en la vida y en el hogar.

¿Cuánto tiempo se les debe dedicar a los hijos y al cónyuge?

Esto depende de cada familia, de las necesidades de cada uno de sus miembros y del tiempo disponible, pero valga la siguiente analogía: la escritora Elena G. de White ha dicho que para tener una fe viva y fuerte se necesita estudiar la vida de Cristo por lo menos una hora diaria. ¡Yo creo que esto también se puede aplicar a las relaciones en nuestros hogares!

Si todavía tiene a sus hijos en el hogar, dedíqueles cada día tiempo, amor y cariño, como también a su cónyuge. Esto contribuirá al bienestar emocional, al progreso y a la felicidad de cada miembro del. hogar.

EFECTOS PSICOLOGICOS DEL DIVORCIO
SOBRE LOS NIÑOS
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El divorcio es un proceso que comienza con un desequilibrio matrimonial, lo que continúa por un largo período de tiempo y que genera una crisis; en esa situación la pareja pierde comunicación entre sí y con sus hijos, precipitando además la abdicación de funciones por parte de los miembros de la familia.

En esta crisis se produce cambios vitales, ya sea en el ámbito social, económico y psicológico.
La separación o el divorcio traen aparejado que la familia quede incompleta; con la ausencia del padre, es encabezado por la madre quien debe afrontar el sustento de los hijos la mayoría de las veces y al mismo tiempo la crianza y la formación de los mismos quienes se ven desprovistos de cuidados maternos por la necesidad de buscar el sustento que el padre no ha satisfecho o lo ha hecho irrisoriamente .

A los aspectos señalados , sumadas las dificultades propias de la reestructuración familiar se debe señalar la situación de inseguridad en que comenzará a vivir el menor que variará desde aquel que no sabe con quién ni donde vivirá, si se podrá alimentar, si podrá curarse si se enferma, si va a poder seguir asistiendo al mismo colegio; todas estas preocupaciones estarán presentes en la mente frágil del niño quien aunque le sobren los medios económicos va a notar con dolor que ya no está tan en contacto con el otro progenitor que ya no duerme o almuerza en la casa de la familia.

La falta de apoyo por parte de los padres, incidirá decisivamente en su vida y se constituirá en una forma de maltrato y violencia a lo que los menores estarán expuestos.

En lo que hace a daños provocados por la carencia de una adecuada comunicación con ambos progenitores, puede provocarles a los menores ya que el contacto continuo y sin interferencias nefastas; es una necesidad emocional del niño y que favorece a su adaptación psicológica; el impedir su comunicación afecta a los menores al igual que el apremiarlos a tomar partido por uno de los padres , tal exigencia por parte de éstos deviene en lo que se denominó “síndrome Tupac Amarú”, auténtico descuartizamiento psicológico de niños y adolescentes desgarrados por conflictos de lealtades imposibles de resolver .
Diversas teorías psicológicas son contestes en afirmar que la presencia del padre y de la madre en la infancia resulta necesaria para una apropiada identificación con figuras parentales lo cual requiere un modelo masculino y uno femenino en las actividades diarias.

Es por ello que debe lograrse pese a la separación de los padres el mayor contacto posible entre los hijos y éstos para preservar la normal maduración del menor.

Los psicólogos han demostrado que la falta de una efectiva comunicación afectuosa con los padres ha producido efectos adversos en el bienestar emocional del menor y puede ir más allá de lo emocional ya que la carencia del trato puede generar neurosis.

El Dr.Johnston (psicólogo), indaga la conducta perturbada de los niños que están expuestos a disputas parentales sobre custodia y cuidados post divorcio considerando la duración de la discordia y el grado de involucración de los niños en la misma, observa que las niñas presentan depresión y aislamiento y los varones quejas somáticas.

Indicadores de destructividad en los niños:

1) Fracaso escolar de los hijos ;
2) Abuso de alcohol o drogas de padres o hijos ;
3) Descenso de la autoestima en padres e hijos ;
4) Aumento de morbilidad y mortalidad en padres e hijos ;
5) Problemas de conducta , agresividad en niños y violencia en adultos ;
6) Síntomas emocionales en hijos y padres ;
7) Pérdida de la red social familiar;
8) Descenso del nivel económico de la familia ;
9) Imposibilidad de adoptar decisiones comprometidas en común ;
10) Coaliciones intergeneracionales;
11) Exclusión de personas.