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VINCULOS FAMILIARES
IGLESIA BAUTISTA HISPANA WEST HILLSBOROUGH
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VINCULOS FAMILIARES
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LA MADRE Y LAS EMOCIONES DESTRUCTIVAS
“MADRE” y “maternidad” son conceptos rodeados por un halo de irrealidad. Esas palabras evocan las ideas de “amante”, “dedicada”, “paciente”, “comprensiva”, “cariñosa” y “tolerante”, porque tradicionalmente se han atribuido esas cualidades a la función de madre. Y las madres generalmente son cariñosas y pacientes. Generalmente, pero no siempre. Algunas, pero no todas. Hay un número suficientemente grande de madres que no son comprensivas, ni dedicadas, ni tolerantes, como para respaldar la aseveración de que el concepto de “madre” implica muchos atributos y cualidades que son irreales.

Una señora joven, que había tenido su primer hijo pocas semanas antes, dice llena de amargura y resquemor: “A veces me siento tensa y nerviosa, como si fuera a estallar frente a la más leve provocación. Otras veces me siento mareada o bien tengo escalofríos. Echo de menos el estrecho compañerismo que tenía con mi esposo antes del nacimiento de mi hijo. Eramos como dos recién casados en una prolongada luna de miel. Ahora estoy cansada todo el tiempo, porque no puedo soportar la pérdida de sueño a causa de la criatura que llora en la noche. Me siento tan deprimida, que hasta he llegado a pensar en dejar al bebé abandonado en alguna puerta. Otras veces quisiera morirme para no tener que hacer frente a otro día con la rutina de siempre. Todo lo que puedo decir es que la maternidad es un verdadero infierno”.

En este caso están ausentes las cualidades de “amante”, “dedicada” y “paciente”; en cambio, están obrando con fuerza las emociones destructivas que se llaman agresividad, impaciencia, resentimiento e intolerancia. Y también egoísmo. Esa criatura desvalida y necesitada de cariño y atención es el resultado del amor entre dos seres; pero no de ese amor que “es sufrido”, que “no se irrita” y que “todo lo soporta”, según la excelente definición de “amor” que da San Pablo en su Primera Epístola a los Corintios. El amor que esta madre sentía hacia su esposo era egoísta, excluyente, posesivo. No admitía la proximidad de un tercero: el bebé; porque la presencia del hijito exigía que la madre diera algo más de sí misma —su tiempo, su dedicación, su atención, su cariño. Y eso no podía ser, porque se encontraba demasiado ocupada en la satisfacción de sus propias necesidades emocionales. De modo que su hijito tenía que conformarse únicamente con una buena dosis de emociones destructivas, las que la madre descargaba sobre él con peligrosa insensatez.

Otro caso. La madre de una preciosa nenita de dos meses comenzó a tener pesadillas en las que se veía atacando a su esposo y a su hijita y causándoles daño. Eso la dejó horrorizada. Se preguntó cómo una madre normal podía sentir tanta hostilidad hacia su criatura. ¿Acaso no era que las madres tenían que amar instintivamente a sus hijos siempre? ¿Por qué la maternidad no era para ella una experiencia agrada

ble y satisfactoria? No podía dar con la respuesta. Así siguieron las cosas, hasta que una noche cuando su esposo andaba de viaje, ella despertó molesta por el llanto de la criatura. Trató de calmarla y de hacerla dormir, pero no lo consiguió. Eso la puso nerviosa y enojada, hasta que de pronto exclamó: “~Voy a matarla!” Pero se sintió aterrorizada al comprender la magnitud de su intención, y salió corriendo de su casa para ir a la casa de unos vecinos amigos. Llegó temblando y hablando incoherentemente. Lo único que sus amigos comprendían claramente era esto: “;Por favor, ayúdenme!” “~No me dejen volver a mi casa!”

Esta madre había permitido que la ansiedad, las preocupaciones y las tensiones nerviosas desorganizaran su vida emocional. Dejó que desaparecieran el amor y la paciencia para dar lugar en cambio a emociones destructivas, las que por poco la llevaron a cometer una acción fatal.

Su actitud tan negativa no tiene justificación, pero sí tiene explicación. Poco antes del nacimiento de su hijita se habían trasladado a otra ciudad donde ella no conocía a nadie. Tuvo que dejar de practicar ciertas actividades que le proporcionaban mucha satisfacción. Cuando llegó el bebé, se vio de pronto atrapada en su casa con una criatura a quien no comprendía y cuyas exigencias no le dejaban tiempo para nada y la mantenían continuamente al borde de la fatiga y la desesperación. Anhelaba recibir aprobación y encontrar apoyo, pero no había quién se los diera, porque su esposo trabajaba hasta tarde en la noche y sus vecinos no se preocupaban de ella.

Lamentablemente, ella no pensó que el efecto desalentador de esas circunstancias negativas podía neutralizarse con la sana satisfacción obtenida de una dedicación abnegada al cuidado y atención de su hijita, quien necesitaba amor, aprobación y seguridad.

Otro caso que muestra el efecto de las emociones destructivas. Una madre de un hijo inválido expresa así su resentimiento y frustración a causa de las preocupaciones y el trabajo adicional provocados por la invalidez de su hijo:

“No podría decir cuándo dejé de fingir que amaba a mi hijo ni cuándo el odio se apoderó de mí. Cuando la copa de mi amargura se llenó, no pude soportar más, y a veces me sorprendí a mí misma pensando:

Si no fuera por mi hijo inválido. . . Si él no estuviera aquí. . . Si hubiera muerto... Cuando algo salía mal, aunque fuera una cosa insignificante, yo le echaba la culpa a él. Muchas veces le grité con rabia, lo acusé injustamente y hasta rehusé aceptar las muchas formas como él me expresaba su cariño. Cumplía de mala gana las pequeñas tareas necesarias para mantenerlo limpio y para alimentarlo”.
Un día, impulsada por sus emociones negativas, esta madre estuvo a punto de soltar a su hijo lisiado a quien llevaba en sus brazos del segundo al primer piso en su casa. “Me puse a temblar —recuerda ella— y me sentí tan mal que casi no podía respirar. Mis brazos se aflojaron alrededor de mi hijo y mis manos comenzaron a soltarlo. . .“ Pero de pronto se fijó en la carita del niño, con su alegre sonrisa y su expresión de confianza en ella; y en ese momento volvió a sostenerlo sin vacilación. ¡Su hijo se había salvado! Ahora ella comprendía que lo amaba.

“Por alguna razón —dice ella— no pude hablar con Dios en ese instante, pero yo estaba segura que él conocía mis sentimientos sin que yo se lo dijera. Y decidí cambiar. Todo cambio ofrece cierto grado de dificultad, y yo no quedé transformada en una madre perfecta en un abrir y cerrar de ojos. Pero fui aprendiendo poco a poco, basada en mi experiencia. Comprendí que resulta más fácil amar que odiar, y que se puede conseguir mucho más gracias a la comprensión y a la paciencia que con gritos y amenazas”.
Esta madre ya no se deja arrastrar por las emociones destructivas, sino que espera que algún día ocurrirá lo imposible, es decir que la ciencia encontrará un remedio para curar la enfermedad de su hijo. “Oramos y esperamos —dice—. Porque sin esperanza, ¿cómo podrían los sueños convertirse en realidad?”

Es imprescindible comprender bien cuál es la verdadera misión de la madre, si se quiere luchar con éxito contra esas emociones que causan tanto daño. En el siguiente párrafo de una educadora se da una excelente definición:

“Al rey en su trono no incumbe una obra superior a la de la madre. Esta es la reina de su familia. A ella le toca modelar el carácter de sus hijos, a fin de que sean idóneos para la vida superior e inmortal. Un ángel no podría pedir una misión más elevada; porque mientras realiza esta obra la madre está sirviendo a Dios. Si tan sólo comprende ella el alto carácter de sus tareas, le inspirará valor” (Elena G. de White, El hogar adventista, págs. 206, 207).

La misión de la madre no consiste únicamente en alimentar y vestir a sus hijos. Además, debe formar su carácter y dirigirlos hacia Dios. Debe comunicarles las magníficas enseñanzas contenidas en la Biblia, que son verdaderas salvaguardias contra la delincuencia, la inmoralidad y contra todos los rasgos negativos que amenazan con destruir la personalidad de nuestros hijos (pereza, falta de honradez, inclinación a la mentira, rebeldía, vicios y tantos otros). Debe enseñarle a honrar, respetar y amar a Dios, y también a confiar en él.

Las siguientes palabras completan la descripción de la misión de la madre:

“Hay un Dios en lo alto, y la luz y gloria de su trono iluminan a la madre fiel que procura educar a sus hijos para que resistan a la influencia del mal. Ninguna otra obra puede igualarse en importancia con la suya. La madre no tiene, a semejanza del artista, alguna hermosa figura que pintar en un lienzo, ni como el escultor, que cincelarla en mármol. Tampoco tiene, como el escritor, algún pensamiento noble que expresar en poderosas palabras, ni que manifestar, como el músico, algún hermoso sentimiento en melodías. Su tarea es desarrollar con la ayuda de Dios la imagen divina en un alma humana” (El hogar adventista, págs. 211, 212).

Ser madre es la ocupación más importante de todas. Para desempeñarla bien hay que aprender a dominar las emociones destructivas que dañan a los hijos, los llenan de complejos y los preparan para la derrota. Y hay que dar gracias a Dios por los miles de madres abnegadas, pacientes y cariñosas que dedican sus vidas a formar un carácter noble en sus hijos.

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COMO VIVIR SIN DEUDAS
¿SE HA preguntado Ud. por qué tantas familias compuestas por personas capaces e inteligentes se tambalean, sin embargo, al borde del desastre financiero?

Casi todos los hogares que Ud. conoce están afectados por problemas de dinero. Los expertos en asuntos financieros del hogar dicen que esos problemas, y las disputas sobre cómo ponerles fin, son a menudo causa de divorcio, y una raíz de serias dificultades entre padres e hijos.

¿Es la suya una de esas familias que no gozan "lo bueno de la vida" a pesar de tener ingresos adecuados? ¿Le interesa saber cómo salir de deudas? ¿Le aflige el problema de las finanzas del hogar? También me afligía a mí, pero descubrí las tres causas principales de la mayoría de los problemas financieros familiares, las cuales a su vez constituyen otros tantos problemas. Si logra entenderlos y evitarlos, sus dificultades financieras serán cosa del pasado.

Problema 1- Falta de presupuesto

Los consejeros en asuntos de finanzas del hogar afirman que la mayoría de los problemas financieros familiares se deben más a un mal manejo de los ingresos que a lo reducido de la cantidad.

Provisto de esta información, llevé a cabo una encuesta acerca de los presupuestos personales. Quedé sorprendido de los resultados. Esperaba encontrar a muchas personas que no hacían un presupuesto de sus ingresos, pero, sin excepción, todos los interrogados me dijeron que practicaban ese método.

Eso sí, muy pronto me di cuenta mediante preguntas especificas que el hombre y la mujer promedio ni siquiera sabe lo que es un verdadero presupuesto.

Como ilustración citaré el caso de una señora que, después de haber elogiado ampliamente el valor de su presupuesto personal, me dijo cómo lo hacía: "Lo tengo en mi cabeza. Probablemente sería mejor si lo planeara o lo escribiera".

La mayoría de las personas lo único que hacen es luchar mensualmente con las cuentas, y creen que esto es presupuestar. Puede ser que ello les cueste bastante tiempo y esfuerzo, pero de ningún modo significa que se rigen por un presupuesto.

En verdad un presupuesto correcto es un proceso bien documentado que elimina la pesadilla mensual de tener que calcular de dónde podrá conseguirse suficiente dinero para pagar las cuentas. Esto lo aprendí después de pasar años escamoteando el pago de algunas cuentas cada mes. Pocos saben cómo obtener buenos resultados de su presupuesto.

Un antiguo principio. Lo cierto es que, por encima de cualquier otro libro, la Biblia indica la verdadera técnica de hacer un presupuesto. Sabía que muchos hombres famosos buscaban ayuda práctica en sus páginas, pero no había comprendido cuán claro era el concepto que tenían los antiguos hebreos del manejo de sus ingresos regulares.

De acuerdo con las leyes establecidas por los israelitas, la gente era inducida a apartar un porcentaje fijo de sus entradas regulares para uso personal en ocasión de las fiestas religiosas anuales.

Este método de establecer un porcentaje fijo para obligaciones futuras no es el que usa la mayoría de las personas. Al contrario, la técnica que usa la mayoría, al parecer, es pagar todas las cuentas que se reciben después de cobrar el último sueldo, con cualquier dinero disponible. Pero esto no significa presupuestar; en cambio, el método del porcentaje fijo sí entra de lleno en esa clasificación.

Problema 2- Abuso de créditos

Antes de la Segunda Guerra Mundial, el sistema de crédito usado por la familia promedio era muy limitado y apenas tenía aceptación. Un préstamo hipotecario sobre la casa era señal de serias dificultades financieras, parecidas a la perspectiva de tener que refugiarse en un asilo.

A veces se podía comprar un automóvil a plazos y existía el método de conseguir préstamos reducidos de los bancos. Pero el volumen de operaciones crediticias era muy reducido. El mundo de las compras a plazos no había surgido todavía.

Desde entonces, la expansión del sistema de crédito ha sido fenomenal, no sólo en los Estados Unidos, sino en el mundo entero. Hoy por hoy, el fantástico método de la compra al instante" es uno de los rasgos más característicos de nuestra sociedad.

Pero, ¿qué diremos en cuanto al uso de crédito? ¿Se precipita Ud. en las compras a plazos como la mayoría de sus vecinos? ¿Es esto un error? Quizá el mayor problema sea la falta de conocimiento acerca de las compras a plazos.

El sistema de crédito: ¿bueno o malo? Sería injusto decir que el sistema de crédito es de por sí un error. Sobre todo en el mundo de los negocios, el uso del crédito apropiado ha facilitado en forma significativa la afluencia de bienes y servicios. Mucho se podría decir acerca del aspecto personal de los beneficios potenciales que este sistema tiene para el consumidor. Las tarjetas de crédito, por ejemplo, eliminan los riesgos de llevar consigo dinero en efectivo. Los préstamos a largo plazo y bajos intereses hacen posible la adquisición de artículos grandes como casas y automóviles, que de otra manera no podrían ser adquiridos por muchos.

Con todo, muchas familias jóvenes son víctimas de las múltiples trampas del sistema de créditos. Carlos Nepal, director del Financial Counseling for the American Institute of Family Reía tions (Consejo Financiero para el Instituto Ameri-cano de Relaciones Familiares), señala que "la causa de casi todos los casos de bancarrota personal ha sido el abuso de los créditos, en otras palabras, la impaciencia por obtener las 'comodidades de la vida'".

Las compras a plazos, y particularmente el uso de las tarjetas de crédito, crean una ilusión de prosperidad. Lo reducido de los pagos, el hecho de que los cobros no llegan hasta el fin del mes y la falta de dinero en efectivo en el momento de hacer la compra, hacen que las comodidades de la vida estén de pronto a nuestra disposición.

Como dijo un joven empleado de una compañía de servicio, "a veces cuando uno empieza a ahorrar y tiene que esperar demasiado, puede ser que pierda interés en adquirir las comodidades que quería". Esta clase de razonamiento conduce a que millones de familias gasten el sueldo antes de recibirlo.

El sistema de crédito puede ocupar su lugar en el seno de cualquier familia si ésta sabe cómo usarlo convenientemente.

Una gula para el uso del crédito. Debe recordarse en primer término que hay dos clases de gastos. Rex Wilder, en su Guía para las finanzas familiares, las especifica: gastos necesarios y gastos destinados a sa-tisfacer lo que se desea. Luego aclara la diferencia. Define lo necesario como "algo que se desea con urgencia y que a menudo constituye una necesidad biológica" (como la casa y la comida), y lo que se desea, co-mo la aspiración a "tener algo que no se basa en una necesidad impres-cindible de la vida". Usado con cautela, el crédito se puede aplicar a lo necesario, pero casi nunca a cosas le las cuales podemos prescindir.

La mayoría de las familias que tienen problemas financieros abusan del crédito con el afán de adquirir cosas que son sólo un deseo pero que no necesitan en realidad. Hasta que logren tener ahorros, debieran adoptar el sistema de comprar lo secundario sólo a base de dinero efectivo.

Problema 3- Falta de ahorro

Las estadísticas en cuanto a las entradas familiares demuestran que el sistema de ahorro ha ido incrementandose durante las últimas dos décadas. También es un hecho estadístico interesante que las familias que ahorran no experimentan dificultades financieras.

Casi todas las personas con problemas monetarios con las cuales me encuentro, reaccionan inmediatamente así ante la idea del ahorro:

'Ni siquiera podemos permitirnos ese lujo". Sin embargo, ¡pueden permitirse el lujo de no practicarlo! Mientras más bajas las entradas, más esencial es practicar el sis-tema correcto de ahorro.

Ya hemos visto que para adquirir cosas de valor secundario, o suntuario tal vez, es mejor el ahorro que el crédito. Pero no es ésta la clase de ahorro a la cual me refiero. Lo que más necesita la gente es lo que llamo Operación ahorro, particularmente útil para quienes viven con un presupuesto estrecho.

La Operación ahorro no es para planes futuros de vacaciones, la adquisición de objetos domésticos o la jubilación, sino para proporcionar los fondos necesarios con que afrontar los gastos imprevistos.

No importa cuán cuidadosamente planee Ud. los gastos futuros al hacer el presupuesto, siempre llega-rán momentos de dificultad u oportunidades únicas en las que se necesita dinero extra. Cuanto más po-bre sea la familia, más imperativa será la necesidad de la Operación ahorro.

Puede ser que Ud. piense que esta recomendación es, a la larga, menos importante que hacer un presupuesto y usar adecuadamente el crédito. Pero es igualmente valiosa. Decídase a practicarla. Mantenga ese dinero y no lo toque a menos que sea para una real emergencia. Ud. se sorprenderá al ver cuánto le rendirá su dinero.

La regla más importante

Hay otro principio que gobierna el éxito o el fracaso de los asuntos financieros, y que es más importante que los tres que acabo de mencionar. Este principio surge de una de las fuentes menos reconocidas como autoridad financiera, la Biblia. Muchos hombres de negocio han acudido regularmente a las páginas de las Sagradas Escrituras para obtener orientación y sabiduría a fin de enfrentar sus problemas diarios. Como ellos, yo tengo un respeto profundo y permanente por los muchos consejos prácticos y las advertencias de la Biblia, especialmente en asuntos de dinero.

Por ejemplo, note el principio bíblico del ahorro: "Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento" (Proverbios 6: 6-8).

En las palabras de Jesucristo encontramos un concepto aun más profundo y sólido: "Mas bienaventurada cosa es dar que recibir" (He-chos 20: 35).

Reconozco que no es fácil tomar la decisión de dedicar una parte de lo que se tiene para ayudar a los necesitados, cuando lo que se tiene es poco.

¿Ha considerado Ud. la posibilidad de incluir alguna vez en su presupuesto familiar una partida para auxiliar a los pobres, por más que sus recursos financieros sean limitados?

Este principio de preocuparse por los demás ejerce una influencia más estabilizadora sobre la persona que los tres puntos mencionados en este artículo. El sabio Salomón declaró al respecto: "Hay quienes reparten, y les es añadido más; y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada y el que saciare, él también será saciado" (Proverbios 11: 24, 25).

En resumen, éstas son las tres claves del éxito para experimentar la estabilidad financiera:

1. Hacer un presupuesto anual mensual que ayude a usar los ingresos en forma inteligente y sistemática.

2. Evitar el uso de crédito, a menos que sea para algo inevitable. Ahorrar para adquirir las cosas superfluas.

3. Practicar la Operación ahorro para las emergencias.

Y, lo más importante de todo, examinar la actitud personal. ¿Es Ud. egoísta o generoso? ¿Se preocupa por las necesidades de otros, o sólo por las suyas? ¡He aquí el fundamento de la prosperidad financiera!

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EL ÉXITO EN LA FAMILIA
La santidad de la familia.-

Existe en derredor de cada familia un círculo sagrado que debe preservarse. Ninguna otra persona tiene derecho a cruzar este círculo sagrado. El esposo y la esposa deben serlo todo el uno para el otro. Ella no debe tener secretos que rehúse revelar a su esposo y comunique a otros, y él no debe tener secretos que no diga a su esposa y relate a otros. El corazón de la esposa debe ser una tumba para los defectos del marido, y el corazón de él una tumba para los defectos de ella.

Nunca debe una de las partes bromear a costa de los sentimientos de la otra parte. Nunca debe el marido o la mujer quejarse de su consorte a otros, en broma o de cualquier otra manera, porque con frecuencia el recurrir a bromas insensatas, que parezcan perfectamente inofensivas, termina en una prueba para cada uno y hasta en una separación. Se me ha mostrado que debe haber un escudo sagrado en derredor de cada familia.

El círculo del hogar debe considerarse como un lugar sagrado, un símbolo del cielo, un espejo en el cual nos reflejemos. Podemos tener amigos y conocidos, pero no hemos de entrometernos en la vida del hogar. Debe experimentarse un fuerte sentido de propiedad, que cree una impresión de comodidad, confianza y reposo.

Deben santificarse la lengua, los oídos y los ojos.-

Rueguen a Dios los que componen el círculo familiar para pedirle que santifique sus lenguas, oídos, ojos y todo miembro de su cuerpo. Cuando tropezamos con el mal, no es necesario que nos venza. Cristo ha hecho posible que nuestro carácter tenga la fragancia del bien....

¡Cuántos deshonran a Cristo y representan falsamente su carácter en el círculo del hogar! ¡Cuántos son los que no manifiestan paciencia, tolerancia, perdón ni verdadero amor¡ Muchos tienen sus gustos y aversiones y se sienten libres para manifestar su propia disposición perversa en vez de revelar la voluntad, las obras y el carácter de Cristo. La vida de Jesús rebosa bondad y amor. ¿Estamos creciendo en su naturaleza divina?

Unidad, amor y paz.-

Hagan los padres y las madres una promesa solemne al Dios a quien profesan amar y obedecer, de que por su gracia no disputarán entre sí, sino que en su vida y genio manifestarán el espíritu que desean ver manifestado por sus hijos.

Los padres deben tener cuidado de no tolerar que penetre en el hogar el espíritu de disensión; porque constituye uno de los agentes de Satanás para dejar su impresión en el carácter. Si los padres están dispuestos a luchar por la unidad en el hogar mediante la inculcación de los principios que rigieron la vida de Cristo, la disensión será desterrada y reinarán la unidad y el amor. Los padres y los hijos participarán del don del Espíritu Santo.

Recuerden el esposo y la esposa que tienen que llevar bastantes cargas sin envenenar su vida permitiendo que se produzcan divisiones. Los que dan cabida a las pequeñas divergencias invitan a Satanás a que entre en su hogar. Los hijos se contagian del espíritu de contender por bagatelas. Los agentes del mal hacen su parte para lograr que padres e hijos sean desleales a Dios.

Aunque se presenten pruebas en la vida marital, los esposos deben guardar sus almas en el amor de Dios. El padre debe considerar a la madre de sus hijos como persona que merece toda bondad, ternura y simpatía.

El secreto de la unidad familiar.-

Lo que causa división y discordia en las familias y en la iglesia es la separación de Cristo. Acercarse a Cristo es acercarse unos a otros. El secreto de la verdadera unidad en la iglesia y en la familia no estriba en la diplomacia ni en la administración, ni en un esfuerzo sobrehumano para vencer las dificultades -aunque habrá que hacer mucho de esto- sino en la unión con Cristo.

Representémonos un círculo grande desde el cual parten muchas rayas hacia el centro. Cuanto más se acercan estas rayas al centro, tanto más cerca están una de la otra.

Así sucede en la vida cristiana. Cuanto más nos acerquemos a Cristo tanto más cerca estaremos uno del otro. Dios queda glorificado cuando su pueblo se une en una acción armónica.

Ayúdense unos a otros.-

La firma familiar es una sociedad sagrada, en la cual cada miembro debe desempeñar una parte, ayudándose el uno al otro. El trabajo de la familia debe realizarse con suavidad, como funcionan las diferentes partes de una maquinaria bien ajustada.

Cada miembro de la familia debe comprender que sobre él individualmente recae la responsabilidad de hacer su parte en cuanto a contribuir a la comodidad, el orden y la regularidad de la familia. No debe actuar un miembro contra otro. Todos deben participar unidos en la buena obra de alentarse unos a otros; deben manifestar amabilidad, tolerancia y paciencia; hablar en tono bajo y sereno; rehuir de la confusión y hacer cada uno todo lo que pueda para aliviar las cargas de la madre. . . .

Cada miembro de la familia debe entender con exactitud la parte que se espera que él desempeñe en unión de los demás. Todos, desde el niño de seis años en adelante, deben comprender que de ellos se requiere que lleven su parte de las cargas impuestas por la vida.

Una resolución adecuada.-

Debo crecer en la gracia en casa y doquiera esté, a fin de comunicar fuerza moral a todas mis acciones. En casa debo velar sobre mi espíritu, mis acciones y mis palabras. Debo dedicar tiempo a la cultura personal, a mi preparación y a mi educación en los principios rectos. Debo ser un ejemplo para los demás. Debo meditar en la Palabra de Dios noche y día e introducirla en mi vida práctica. La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, es la única espada que puedo usar con seguridad.